
Hace algunas semanas ya (yo voy siempre con retraso) recibí de uno de los Recicladores una serie de libros interesantes, de los que sólo había conseguido leer el ya mencionado Edades de Lulú. Ayer terminé otro de los libros que componían el set, titulado Exhibición impúdica de Tom Sharpe (1973, autor inglés). Dos pueden ser las palabras que describan mi opinión de él. La primera, indignación.
El libro se sitúa en Piemburgo (¿real o no? Creo que no) ubicada en Zululandia, veáse la Sudáfrica del Apartheid. O antes quizá. No tengo muy claro la ubicación temporal del libro, porque hablamos de un continente del que uno, no he leído prácticamente nada sobre él y por ende no conozco su historia y dos, se mezclan bombas, anticomunismo, condones, coches, vestidos de caza a la antigua y técnicas de “psicología” reminiscientes de La Naranja Mecánica d euna manera en que deja totalmente confused about the time in which the story is set. The author is said to have lived in South Africa during the post war era and then having been expelled from the country (no hay dudas sobre el porqué), so… unclearer still.
Volviendo al tema, indignación, porque nunca había indagado más allá de alguna película sobre la situación de la raza negra en ese país. Quiere decir, leer esbozos y referencias no es lo mismo que adentrarte en una historia donde la separación racial es evidente hasta en los blancos (división entre boers/afrikaners y los ingleses). No es que me quedara muy claro el sistema, más bien surgieron más dudas que antes, dudas que investigaré, en algún momento de tiempo libro entre el chino y el trabajo, pero la cosa es que surgieron.
Hace unos cuantos años ya, vi una película, llamada “el Color de la Amistad”, que volví a ver hace poco. Trataba sobre una chica sudafricana que iba de intercambio a Estados Unidos, durante la época de Mandela y el otro (que no me acuerdo cómo se llama) a quien le toca quedarse con una familia afroamericana (detesto esos eufemismos y especificaciones raciales que siempre se utilizan pero son necesarios para el caso), y todos los problemas que surgen a raíz de ello. Es una película de Disney así que todo acaba happy-go-lucky, obviamente. Lo que sí recuerdo es cómo existían diferente términos en la sociedad sudafricana según el “grado de color” del que fuera la piel de alguien.
Una palabra que me marcó fue “bantú”, cuyo significado no quedó claro en el libro porque este oscila entre parodia y crítica y la verdad, no supe distinguir cuál era cual. La utilizaban los blancos para referirse a los negros, aunque claro, abundaban otras muchas. Another of the words used was “cafre” a spanish word I had taken to mean “idiot”, but which apparently (or it might just be the translation, I did read the book in Spanish, for lack of a better word) has a different origin.
Así que sí, indignación fue la una de las palabras que describió el libro, por el trato a la raza negra que encima, no puede decirse que sea un elemento ficticio para apelar al humanismo del lector sino que sé muy bien que existió y a veces sigue existiendo.
En fin, no he explicado aún la trama, porque, aunque lo más prominente del libro, surely, puede provocar entre risas e incredulidad, hasta asco.
Tenemos a dos co-protagonistas: el Kommandant Van Heerden y el Liutenant Van Kramp (Como se ve, origen holandés de los boers). El primero es un hombre obsesionado con ser inglés, y sobre todo, ser aceptado como tal en la comunidad inglesa de Piemburgo, ciudad de la que es Jefe de Policía. El segundo es un hombre con delirios de grandeza que a principios del libro pueden pasar por una ambición desmedida y al final derivan en un rápido descenso a la locura. Van Kramp recibe “ordenes” de la DSE (una notificación del Departamento de Seguridad del Estado, que se malinterpreta) de investigar la conducta sexual de los oficiales a su mando, dado que muchos incumplían la “Ley de la Inmoralidad” que además de lo típico: homosexualidad, travestismo, etc, prohibía las relaciones interraciales.
¿Problema? La comunidad blanca de Sudáfrica era minoría y se querían evitar a toda costa la mezcla de ambas por si había una insurrección. algo así como lo de Ramsés y los hebreos.
Dicho en plenas palabras, Van Kraamp quiere evitar que sus hombres violen a las presas (que por el trato que se le da al tema, parece ser algo de lo más común.
Para ello, se pone en contacto con la Doctora B, una psicóloga de la que está enamorado (cree) para asesorarse sobre el método a seguir. Aquí entra elemento “Naranja Mecánica”, método cuyo nombre no recuerdo porque no presté suficiente atención en Psicología, lo de pasar diapositivas junto a descargas eléctricas para que el paciente asocie dolor con ellas. ¿Qué hacen? Fotografiar a mujeres negras desnudas para pasar diapositivas de éstas, casi electrocutando a los policías “voluntarios” para el experimento.
Exacto, se lía la de San Quintín. Porque “vuelven maricones” a la mitad del cuerpo con su celo por erradicar su… problema. (Hay que recordar que son palabras textuales del libro y fue escrito… hace tiempo)
Mientras esto sucede en la comisaría el Kommandant ha conocido a una mujer, la señora Daphne, esposa de un “Coronel”, quienes viven en la llamada Pequeña Inglaterra y pertenecen a un Club de élite al estilo inglés que actúan los libros de el Maestro, un escritor de novelas románticas situadas en la Vieja Inglaterra. Atraído por su forma de vida, el Kommandant se toma unos días de vacaciones y deja al mando al Liutenant.
Pobre de Piemburgo, la que le cae encima. La ciudad se ve invadida por los agentes secretos de Van Kraamp, supuestamente en busca de “terroristas comunistas” (que parecen más bien los anarquistas tipificados de finales del XX con su obsesión de hacer explotar todo), inexistentes por cierto. Estos agentes, en su búsqueda, destrozan media ciudad, creyendo haber descubierto una importante célula de terroristas que resulta ser nada más que los demás agentes. Todo esto acaba en que una avestruces detonantes deambulan por la ciudad, sin luz, sin agua, sin gas, y sin alcalde y consejo de Ministros, a quienes Van Kraamp ha encerrado acusando de terroristas.
Caótico.
El Kommandant, sin enterarse de nada, se ve relegado a un hotelucho-balneario en un pueblo muerto cerca de casa de sus nuevos “amigos”, que lo tratan como a un “boer”, intentando emborracharlo, insultándolo, etc… y luego, lo elogian, aceptándolo como uno de ellos, y diciendo que lo admiran, por su calma ante los radicales sucesos en Piemburgo.
Bombazo.
El Kommandant vuelve sin pensárselo a Piemburgo, ve el lío en que le ha metido Van Kraamp, por ese tiempo ya internado en un psiquiátrico (por el estrés de que todo le ha salido mal sin duda) con su amada Doctora (también un poco desequilibrada), y casi se interna él también.
Y… ya no cuento más pues arruino el libro.
Interesante, ¿verdad?
Con lo que llegamos a la segunda palabra que refleja mi reacción al libro. Incredulidad.
Es una trama un tanto surreal a veces, pero tiene sus momentos de risa, eso sí, un humor un tanto rebuscado.
Ahora, una última nota que quería hacer sobre el tema del tratamiento de la raza negra (que cómo veis, no es que sea el tema principal de la novela, pues sus protagonistas son blancos, pero es lo que hay debajo, lo que choca): hay cosas que entiendo: la manera de pensar de cada uno depende de su cultura, que a la vez comprende religión y una serie de circunstancias históricas y sociales entre otras cosas que condicionan la percepción del bien y el mal (Draco tiene razón en reírse de la pantomima de libertad que Harry le quiere dar @ Nova Cupiditas, fanfic). Entiendo la reacción contra la homosexualidad, contra el incesto, contra muchas cosas. Y entiendo también que las circunstancias han cambiado, pero no todos pueden adaptarse a esos cambios. Se respeta (y si eres C. o L. sabrás que respeto-entiendo más de lo que se debe, siempre y cuando no se lleve a la práctica, pero ese es otro asunto). Lo que no entiendo es el prejuicio racial. No como se entiendo en el sistema nacionalsocialista alemán, ni cómo se entiende en el sistema nacionalista vasco, y mucho menos en el sistema del apartheid sudafricano. Como lo entiendo y siento yo, sí. Todos somos un poquitín prejuiciosos. No por raza técnicamente. Me explico.
Veo a alguien que lleva ropas típicamente asociadas con los raperos y compañía (veáse mi hermano, el menor) y pienso, éste es delincuente juvenil o por lo menos un rebelde en el instituto, un maleducado… éste no lee. Tonto perdido (en mi definición de lo que es tonto). Lo admito. Tengo prejuicios. Porque son una imagen asociada a una actitud, que es cierto, no tiene que ver, son estereotipos, pero son estereotipos imprimidos en mi mente y que costará sacarlos de ahí por que he crecido con ellos. (suena a parásito)
Ese tipo de prejuicio racial entiendo, porque tienen un origen identificable.
¿Pero los demás?
A mi entender el cristianismo heredero del judaísmo no predicaba la superioridad racial (aunque el judaísmo lo hacía… a medias, siendo el pueblo elegido de Dios y todo eso) sino más bien la igualdad entre todos los hombres. ¿Y los Tres Reyes Magos que tanta importancia tienen para el Catolicismo? Si no recuerdo mal, la tradición identifica a uno de ellos como “moro” o a veces “negro”.
En fin, que aparte de la ocasional risa provocada por la ridiculez de los personajes y los malentendidos que entre ellos se suceden, el libro provoca una reflexión sobre temas aún hoy espinosos para algunos.
JICALAZUXIL