Título Original: To Write My Secret Across Your Sky
Autora: ScarletVampyre
Pareja: Sirius/Remus
Advertencias: Slash
Escribir mi secreto sobre tu cielo
Porque aquí todos son caninos, animales, y Sirius quiere probar su propia especie.
Uno.
Quiero verte perder el control.
(quiero verte perder)
Tu piel es clara. Te ves tan radiante y delicado, te ves como el Paraíso; pero quiero arrancar esas capas y encontrar lo que escondes tras esos ojos callados. Quiero verte partido en dos y devorado por demonios enfurecidos, bocas llameantes de dientes afilados y lenguas bífidas; y sin embargo, los demonios están aquí, bailando tras tu sonrisa sangrienta y retorciéndome entre sus dedos delgados, rompiéndome en mil pedazos como cerillas usadas. Ahí te sientas y te ves tan natural, te ves tan humano, pero puedo ver el sonrojo escarlata en el fondo de tus ojos y tus pupilas son abismos negros y sé que hay un animal arrastrándose por debajo de tu piel. Quiero verte caer, tus rodillas estrellándose contra el suelo de piedra; quiero verte arruinado desde dentro cuando sucumbes a lo que realmente eres. Quiero verte perder el control; quiero que te destruyas. Quiero que me destruyas.
Dos.
Quiero estar ahí cuando tu furia negra ardiente se desate.
(quiero probar mi propia especie)
Tus ojos fingen estar en blanco pero veo la hoz plateada de la luna menguante, la media luna pálida hinchándose como embarazada, y al llenarse es como el nacimiento de Belcebú porque el fuego arde por tus venas y puedo ver el fuego infernal en tus ojos, porque esta aquí en mi propio pecho y en la curva de mis manos con las palmas hacia arriba y en un destello carmesí llenando mi boca con el sabor húmedo y cálido de vida. Quiero ver rojo en tus ojos y una ráfaga cobriza de rubíes derramarse de tus labios pálidos; quiero ver el lobo despedazar tu cuerpo, el frágil esqueleto de un niño mortal, y arrancar garras brillantes a través de la carne de aquellos que sostienen mascaras endebles de humanidad tan cerca, aquellos que fingen no ser la maldad primitiva que los dioses crearon. Porque aquí, todos somos canino, animal, todos somos animales con el olor a sangre en el viento punzante y el fuego de destrucción ardiendo en nuestros vientres y retorciendo nuestros dedos fríos.
Tres.
Quiero que tus manos dejen cicatrices.
(para que pueda saber dónde has estado)
Tus manos son blancas, como las redes de escarcha que se encuentran extendidas sobre la ventana en mañanas grises, y anhelo tus manos, que me quemen, que me abrasen la piel y la dejen roja y llena de marcas con el fuerte apretar de sudor sobre piel y el arrugarse de sábanas húmedas, contigo clamando y rezando y rogándome al oído. Quiero que tus dientes muerdan, muerdan duro, demasiado duro, y que como rosas escarlatas florezcan rasguños sobre mi piel con punzadas rojas rezumando lentamente. Quiero que mi cuerpo sea destruido como el tuyo es rajado por el animal, salvaje y ferviente, que intentas domar; quiero que nuestras envolturas vacías yazcan juntas en un revuelto de miembros angulados y ojos cerrados, a la vez que la rígida frialdad de la hierba moribunda crece áspera a nuestro alrededor y se traga nuestros hueso vacios, yaciendo bajo un cielo manchado de tinta que se hincha de rojo al ahogarse el sol y sostiene esa esfera fría que nos destruye a ambos.
Cuatro.
Quiero dejar de destruirte.
(pero no puedo)
Tu boca es pálida, ceniza en tu cara blanca, y tus ojos se están muriendo, fríos como las hojas que se desvanecen al caer sobre el agua helada del lago; el hambre del animal se atenúa de tu cuerpo y en su lugar el agotamiento avanza sigilosamente y pareces tan cansado. Pareces tan destrozado y sin embargo aun hay un ligero murmurar de un anhelo, de furia y lujuria y miedo, arañándome los miembros y quemándome el pecho y quiero verte extendido sobre sábanas blancas o bajo un cielo negro con un sonrojo antinatural en tus mejillas y los labios que parecen pintados y quiero que tus ojos ardan del color del pecado mientras cedemos a voraz desesperación. Quiero que tus demonios nos consuman y nos mantengan atrapados en sus espesas redes de encaje negro y quiero que seas mío, tuyo y mío y nuestros; quiero que caigamos en la serena oscuridad de nuestros corazones y que nos durmamos en un sueño tranquilo y sin pesadillas. Y quiero y quiero y quiero –
Y siempre estaré hambriento.
peractio (fin)





